En búsqueda de la santidad.

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La canonización de Juan Pablo II el domingo de la Divina Misericordia en la plaza de San Pedro no es, ni será la última canonización polémica en el Vaticano, la historia refleja varias incomprensiones en la opinión pública en las que cuestionan las razones “objetivas” de la elevación a los altares.

Sin embargo, en el caso del papa Juan Pablo II, el único elemento oscuro de su larga trayectoria fue la relación “permisiva” e “indiscreta” con el fundador de la Congregación “Los Legionarios de Cristo” acusado de una infinidad de crímenes, que han horrorizado a muchos dentro y fuera de la Iglesia.

Principalmente, creo que la santidad es la respuesta a la fe y la coherencia de vida con el evangelio, y creo también que Juan Pablo II era un hombre santo, con defectos, pero santo, que supo conducir la barca de Pedro en momentos históricos complejos, y acercar la figura del papa a la gente sencilla y humilde, recorriendo más de un centenar de países y llegando a los rincones más alejados del mundo para proclamar el evangelio.

El caso Maciel es lamentable, y lo que considero aún más lamentable es que sus colaboradores no hayan podido ofrecer una mejor respuesta, la reciente declaración de Joaquin Navarro Valls (director de la oficina de prensa de la Santa Sede en tiempos de Wojtyla) precisó que el papa estaba en conocimiento del proceso de investigación contra Maciel, pero desconocía los resultados.

Por su parte el postulador de la causa el Mons. Slawomir Oder declaró hace unos días que “Juan Pablo II era ajeno al caso de Maciel” y el mismo cardenal Stanislaw Dziwisz afirmó que el pontífice “desconocía la doble personalidad del fundador de la legión”.

Por lo que aún no está del todo claro, si conocía las denuncias, si estaba en conocimiento del proceso o el tema era tocado únicamente en un círculo específico de entré sus colaboradores.

Sobre este aspecto, en una oportunidad durante el año 2004 un obispo que fue a saludar al papa Wojtyla en el Aula Pablo VI, en ese entonces, el personal de protocolo se acercó para indicarle que no comentara los problemas de su diócesis al anciano pontífice para no llevarle más preocupaciones, por lo que quizás muchos comentarios que atravesaban los muros vaticanos no llegaban a los oídos del pontífice.

Estas contradicciones en las declaraciones no ayudan a generar un clima de confianza frente a la canonización, pero a pesar de esto, creo que son una oportunidad para creer que por encima de las debilidades humanas de la Iglesia, que está formada por santos y pecadores, hay que reconocer la obra del espíritu santo en unos humildes vasos de barro. Y Juan XXIII y el mismo Juan Pablo II son ejemplo de ello.

Rixiogpr

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