“En sus llagas hemos sido curados”

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Lienzos de los santos Juan Pablo II y Juan XXIII en la Basílica de San Pedro

En una mañana brillante de la primavera romana fuimos testigos de un hecho histórico sin precedente en la historia de la Iglesia, la canonización de dos pontífice y la presencia de otros dos, uno como emérito y el otro ejerciendo su función pastoral de infalibilidad en la proclamación de nuevos santos como ejemplos para el pueblo de Dios.

De ese acontecimiento solemne pero con rasgos sencillos, típicos del papa Francisco quisiera comentar algunos aspectos que consideran fueron los más importante de la celebración:

El primero sin duda alguna el gesto humilde y sencillo del papa emérito Benedicto XVI en asistir y concelebrar en la misa de canonización de Juan Pablo II y Juan XXIII, sin embargo el gesto que considero más curioso fue la mitra utilizada por Ratzinger, la mitra de la “pigna”, típica y de uso exclusivo de los cardenales, que en su parte frontal viene “bordado” en otro tono de blanco una piña que evoca a la escultura de bronce que estuvo previo al renacimiento en la plaza de san Pedro.

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Foto: Spaziani – Papa Benedicto XVI usando la mitra de la piña.

Se desconoce el origen de ese modelo de mitra de la cual existen diferentes versiones, sin embargo todas concuerdan que es símbolo de la Iglesia que en una unidad indivisible está formada por diferentes pueblos y culturas.

Al utilizar el papa emérito una mitra de cardenales no lo incluye en el colegio cardenalicio pero si es un signo evidente de que no es el papa reinante, gesto simplísimo de sencillez por parte de Benedicto XVI.

El otro aspecto a destacar fueron las palabras del papa Francisco en su breve homilía, en la que precisó la relación estrecha de los canonizados con el señor resucitado, a través de las llagas, de las heridas, de “tocar la carne de Cristo” en los demás.

Me ha llamado la atención estas palabras, pues creo que se podría interpretar como la respuesta de Francisco a los comentarios previos a la canonización; en las heridas de Cristo no sólo está el sufrimiento de los inocentes, sino también los pecados y más aún los pecados de la Iglesia, de cada uno de sus miembros, que también necesitan ser redimidos con la sangre del cordero.

Por último, la mención especial que hizo de San Juan XIII como el “papa de la docilidad del Espíritu Santo” el mismo cardenal Capovilla (secretario de Roncalli) en una entrevista previa había dicho que consideraba que Roncalli no era el “papa bueno” sino el papa que se dejó inspirar por el Espíritu Santo para el “aggiornamento” que necesitaba la Iglesia.

Y de Wojtyla como papa de la familias, muchos quizás podrían decir, que podría ser mejor el papa de los jóvenes, pero sin familia no habría jóvenes, ni humanidad ni Iglesia, el joven polaco que quedó huérfano de madre y padre, ahora intercede por las familias del mundo entero.

La próxima cita al parecer será entre septiembre y octubre para la beatificación de otro dócil y testigo valiente del evangelio, el papa Montini, al que ya tendría aprobado un primer milagro.

Rixio G Portillo

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