Romero, ni de derecha ni de izquierda, sino mártir

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Mons. Oscar Romero

 

En medio del conflicto de gobernabilidad en varios países del continente latinoamericano, en El Salvador emerge una de las figuras más emblemáticas del siglo XX, como testigo de un verdadero cambio social con la entrega de su propia vida.

Después de más de treinta años, Monseñor Oscar Arnulfo Romero es beatificado y reconocido como mártir, asesinado por “odio a la fe” según la conclusión definitiva de la Congregación Vaticana para la Causa de los Santos.

La vida de Romero

Romero nacido en 1917 en una familia humilde de Ciudad Barrios, a dos horas aproximadamente de San Salvador, a fines de la segunda década del siglo XX, desde muy joven sintió su vocación al sacerdocio de allí que con solo trece años inicia su camino vocacional de la mano de los padres claretianos en el Seminario de San Miguel y siete años más tarde en el Seminario San José de la Montaña de El Salvador, que era conducido por los sacerdotes jesuitas, sin embargo, los problemas políticos del país hicieron que el joven Romero fuese enviado a Roma concluir sus estudios, en la muy reconocida Universidad Gregoriana de Roma, en la que pudo cursar un seminario con el sacerdote diplomático Giovani Battista Montini

Luego en 1942 es ordenado sacerdote pero la compleja situación de la Segunda Guerra Mundial imposibilitó que Romero pudiese concluir su trabajo de grado sobre teología mística, hasta ese momento, seguía siendo un sacerdote de bajo perfil, inclusive sus superiores llegaron a dudar sobre si era idóneo al sacerdocio por su timidez, sin embargo era sumamente dedicado en los estudios y en su vida espiritual. En 1943 comienza su trabajo pastoral en El Salvador, en la misma ciudad que lo vio nacer, allí acompañando a los más débiles y siendo un pastor humilde y sencillo permaneció durante aproximadamente veinte años.

El episcopado llegó de manera imprevista, muchos cronistas afirman que Mons. Romero no se lo esperaba, sin embargo el Arzobispo Luis Chávez promueve su elección como Obispo Auxiliar para San Salvador en 1970, la elección de su lema episcopal sintetiza de manera profética la vocación de entrega y servicio de Romero, y quizás la esencia de los discípulos de Jesús, “sentir con la Iglesia” el cual se convertía en una brújula que conduciría su ministerio hasta la entrega definitiva de su vida.

A pesar de esto, el servicio al lado de Mons. Chavez dura poco y en 1974 es enviado a la Diócesis de Santiago de María, una de las más pobres del país centro americano, Mons. Romero escribió que fue en ese lugar donde conoció realmente la pobreza y la miseria, fue allí donde forjó su vocación hacia la opción preferencial por los más pobres, en total sintonía con el mensaje del episcopado latinoamericano reunido en Medellín posterior a la visita del Papa Pablo VI, profesor del joven arzobispo durante su estadía en Roma.

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Oscar Romero con el Papa Pablo VI

En 1977 contra todo pronóstico es designado Arzobispo de San Salvador en un complejo escenario político en el país, debido a la inestabilidad de los gobiernos y en decisiones poco acertadas en materia económica, como fue el caso de la expropiaciones de más de 3000 propiedades como medida de una reforma agraria que solo generó el descontento de los menos favorecidos, y fue el caldo de cultivo para uno de los episodios más sangrientos en el continente que históricamente fue denominado como la “guerra del fútbol” por el enfrentamiento en el plano bélico y deportivo entre Honduras y El Salvador.

Fueron años difíciles, sin embargo uno de los acontecimientos más duros para Mons. Romero fue el asesinato de uno de sus sacerdotes, el P. Rutilio Grande quien fue víctima de una emboscada por los Escuadrones de la Muerte acompañado de un grupo de feligreses al regreso de una misión campesina, cualquier tipo de actividad misionera de la a Iglesia era considerada delito y acusada de inestabilidad al poder público, inclusive la noticia la recibe, de hasta ese momento,  su amigo Armando Molina, proclamado presidente en 1972 en medio de una fuerte opinión de fraude y descontento popular.

Las complicaciones políticas no quedaron allí, en medio de una discusión ideológica la izquierda y la derecha seguían criticando los movimientos de Romero, y con una nueva cortina de fraude electoral es proclamado presidente Carlos Humberto Romero, el mismo arzobispo sabia que eso complicaría las cosas y solo alimentaria el espiral de violencia,respondiendo a los que acusaban a la Iglesia de meterse en política decía:

“La Iglesia no se vende a nadie, la Iglesia está comprometida sólo con el reino de Dios y exige las exigencias del reino de Dios a todo aquél que se le acerca. No debe rechazar a nadie si la buscan con sincero corazón”.

Tenía como ninguno otro la autoridad moral para ser la voz de aquellos silenciados: “Como Pastor y como ciudadano salvadoreño me apena profundamente que se siga masacrando el sector organizado de nuestro pueblo sólo por el hecho de salir ordenadamente a la calle para pedir justicia y libertad” (1980).

Con una llamado enérgico, levantó su voz contra la pobreza, la consideraba una denuncia, y un gran mal producto de la injusticia social en el país caribeño, refiriéndose de manera muy clara al papel social que debía jugar la Iglesia: “Una Iglesia que no se une a los pobres para denunciar desde los pobres las injusticias que con ellos se cometen, no es verdadera Iglesia de Jesucristo” (1980).

Asesinato de Mons. Oscar Romero
Asesinato de Mons. Oscar Romero

Sus palabras fueron siendo cada vez más intensas y sus denuncias contra el odio, la violencia y la represión le valieron la incomprensión de muchos, inclusive dentro del mismo episcopado salvadoreño, cuando en realidad toda aquella difícil situación solo sería un caldo de cultivo para una posterior guerra civil, por lo que su última homiliía fue considerada como una sentencia a muerte, cuando solo clamaba por el reconocimiento de los derechos de todos.

 “En nombre de Dios,  y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno, en nombre de Dios: ¡cese la represión! (1980).

Sin embargo, la sangre de los mártires es quien hace cultivar la fe de las generaciones futuras y el domingo siguiente 24 de marzo de 1980, en la Capilla de la Divina Providencia en el inicio del ofertorio de la misa, un disparo acababa con la vida de tan insigne pastor para el pueblo Salvadoreño, convirtiéndolo en referencia social y espiritual para todo el continente.

El proceso a los altares

El afecto, cariño y respeto del pueblo salvadoreño hizo que en 1990 se comenzará oficialmente el proceso de canonización en fase diocesana de Mons. Oscar Romero, sin embargo no fue sino hasta 1997 cuando la Santa Sede hizo el reconocimiento oficial de la Causa y comenzó el estudio a profundidad de la vida y obra del arzobispo asesinado.

En el proceso de recolección de pruebas para justificar sus virtudes de santidad, varios argumentaron que Romero era muy cercano a la teología de la liberación y una visión estrecha con la izquierda, a pesar de que habían documentos históricos que negaban dicha vinculación, la causa fue suspendida y paralizados los esfuerzo en estudiar sus escritos a profundidad.

Oscar Romero y Papa Juan Pablo II
Oscar Romero y Papa Juan Pablo II

Sorprendentemente Juan Pablo II durante la celebración del jubileo del año 2000 incluyó en una conmemoración de los mártires del siglo XX el nombre de Romero, fue un primer reconocimiento público por parte de un pontífice sobre la insigne figura del arzobispo latinoamericano, posteriormente se reveló que Benedicto XVI en el año 2012, meses antes de su histórica renuncia fue quien desbloqueó la causa y puso en marcha nuevamente el estudio de la vida, escritos y obras de Romero.

Los motivos para el atraso en el proceso y los malentendidos sobre la figura de Romero se debieron presuntamente a testimonios de embajadores y personajes políticos del momento, quienes presentaron declaraciones contrarias ante la Santa Sede, sin embargo Mons. Vicenzo Paglia, Postulador de la Causa, indicó que Juan Pablo II nunca dudó de la santidad de Romero y hasta en su primera vista a El Salvador, rezó en privado diez minutos ante los restos del siervo de Dios.

Pero la providencia siguió sobre abundando y con la elección del primer Papa latinoamericano en marzo del año 2013, se abría definitivamente el camino a los altares para Mons. Romero.

En agosto de 2014 el Papa Bergoglio anunció definitivamente el desbloqueo de la causa en unas declaraciones en el vuelo de regreso de su visita apostólica a Corea del Sur y fue así como al inicio del año 2015 se aprueba oficialmente el reconocimiento de Mons Oscar Arnulfo Romero como mártir, por parte de la Congregación para la Causa de los Santos, declarando que fue asesinado por odio a la fe, y estableciendo la fecha para su próxima beatificación el 23 de mayo, en el mismo Salvador.

Con este acontecimiento se abre un nuevo capítulo en el reconocimiento de los perseguidos por su fe en el continente y debería servir de estímulos para los cristianos de hoy en día, en sus diferentes estados de vida, ya sean obispos, sacerdotes, o laicos a ser verdaderos testigos, como Romero, de la opción presencial por los pobres y en el anuncio y la denuncia profética de una comunidad viva que desea “sentir con la Iglesia.

Rixio G Portillo
@Rixiogpr

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