Los Papas en la ONU, el recuerdo de Auschwitz (II Parte)

Juan Pablo II en la Organización de las Naciones Unidas
El Papa Juan Pablo II también visitó la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, e inclusive una vez más que su antecesor Pablo VI, el cual como se mencionó anteriormente participó en la Asamblea General de 1965 al cierre del Concilio Vaticano II.

El Papa Wojtyła al inicio de su pontificado se dirigió a la ONU en 1979, con un discurso cargado de una impresionante sensibilidad testimonial de su experiencia durante la Segunda Guerra Mundial, y más aún en su relación con el exterminio judío. Recordó principalmente su visita durante unos meses anteriores al campo de concentración de Auschwitz y cómo dicho terrible episodio floreció en la Declaración Universal de los Derechos Humanos nacida de la sangre de millones inocentes víctimas en una de los lugares más atroces de la historia.

En este sentido, Juan Pablo II dijo que dicha Declaración ha costado la pérdida de millones de nuestros hermanos y hermanas que la pagaron con su propio sufrimiento y sacrificio, provocados por el embrutecimiento que había hecho sordas y ciegas las conciencias humanas de sus opresores y de los artífices de un verdadero genocidio. ¡Este precio no puede haber sido pagado en vano!”, precisó el Papa, de allí la necesidad de que la ONU sea un escenario esencial dónde nos encontremos en nombre del hombre tomado en su integridad.

Fue esta integridad del hombre el centro de la lección humanista de Juan Pablo II en la ONU, y las diferentes amenazas que atentan contra la dignidad del hombre y puedan convertirse en un caldo de cultivo para conflictos bélicos, enumerando algunos de esos desafíos sociales, entre los que destacó la injusticia en la distribución de recursos materiales, en la que la brecha entre ricos y pobres, lo cual menoscaba el derecho a un desarrollo humano social y sostenible.

La siguiente amenaza determinada por el Papa Juan Pablo II en la ONU, en su primera intervención de 1979, está relacionada a la necesidad de garantizar “como principio de las libertades en el espíritu humano,  la libertad de pensamiento, de expresión, la libertad religiosa, la libertad de conciencia“. Esto como base fundamental para el desenvolvimiento completo de la Iglesia en el mundo actual, aunque al hablar de libertad religiosa no sólo se limita al ámbito de acción del catolicismo, sino de todas las religiones del mundo,

Por último, el Papa también resaltó la importancia del respeto al derecho a la vida, e inclusive en el niño no nacido, como reflejo fundamental de la voluntad social y política para el desarrollo de la persona en su niñez y su juventud.

Sin embargo, Juan Pablo II, fue el primer y hasta los momentos el único pontífice en visitar dos veces la Organización de las Naciones Unidas, la segunda oportunidad fue con motivo del trigésimo aniversario de la alocución de Pablo VI, y en el quincuagésimo aniversario de la fundación de la ONU.

En 1995 el Papa polaco centró su intervención en los derechos humanos y la intrínseca relación con los derechos de las naciones, así como en la la soberanía centrado en el principio de la subsidiaridad de la Doctrina Social de la Iglesia.

Para Wojtyła una verdadera diplomacia fraterna debe basarse en las diferencias genuinas de cada nación, sin embargo como condición debe estar el respeto a los derechos integrales del hombre, y principalmente el derecho  la libertad.

El Papa inclusive fue más allá y ofreció una respuesta a la amenaza propuesta en su intervención del 79, en la lucha y compromiso sobre la pobreza, en este sentido precisó la necesidad de imponer “una ética de la solidaridad, si se quiere que la participación, el crecimiento económico, para una justa distribución de los bienes que garanticen el futuro de la humanidad.

Concluyendo con un mensaje alentador en la que se hace importante vencer el miedo del futuro. Pero no vencerlo solo, sino juntos, a través de una búsqueda común donde la “respuesta” a aquel miedo no sea la coacción, ni la represión o la imposición de un único “modelo” social al mundo entero, sino la construcción de la “civilización del amor”.

Rixio G Portillo
@Rixiogpr

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