Ratzinger, el sacerdote

Francisco y Benedicto XVI – Fuente TGC.Com
Durante el mes de mayo en la Universidad Gregoriana de Roma fue presentado el libro sobre Benedicto XVI de Roberto Regoli, “Oltre la crisi della Chiesa ” (Lindau 2016), en la actividad participó el actual prefecto de la Casa Pontificia, y secretario del Papa Ratzinger, el alemán, George Ganswein y el fundador de la Comunidad de San Egidio, Andrea Ricardi.

En su intervención Ganswein pronunció unas palabras que el periodista Paolo Rodari en su blog horas después comentó, no solo desde una dimensión teológica sino desde el punto de vista pastoral afirmando que Benedicto XVI: “se siente ligado al – Papa Francisco- desde la vocación de Gregorio como monje”. 

Ganswein en su intervención aclaró que efectivamente “(…) no hay por tanto dos papas, pero de hecho el ministerio se expandió – con un miembro activo y un miembro contemplativo-. Por esto, Benedicto XVI no ha renunciado ni a su nombre, ni a la sotana blanca”.

De allí el debate entre algunos, sobre si en verdad el primado del ministerio petrino estaría recayendo en dos pontífices, dividido, uno activo en funciones y otro de manera contemplativa en una dimensión mística.

Por ello, al regreso del reciente viaje del Papa Francisco a Armenia, tras la polémica por el uso de la palabra “genocidio”, le han preguntado sobre una posible confusión frente a las palabras de Ganswein, a la que Bergoglio respondió de forma categórica que existe un solo Papa, y que Benedicto XVI habría abierto una puerta a los “papas eméritos” institucionalizando con el gesto de la renuncia en febrero de 2013 la posibilidad de que un Papa pueda apartarse del “soglio pontificio”.

Sin embargo, más allá de la diatriba teológica o pastoral, en el reciente 65 aniversario de ordenación sacerdotal de Ratizinger, hubo un pequeño acto en su honor en el que participaron algunos cardenales, obispos y laicos para agradecer por la figura sacerdotal del Papa emérito.

Hubo tres discursos, el del Papa Francisco al inicio, el de los cardenales Gerhard Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y de Angelo Sodano, decano del Colegio Cardenalicio, y con algunas glosas musicales interpretadas por el Coro de puericantores de la Capella Sisistina dirigida por Massimo Palombella.

Evidentemente el discurso más esperado fueron las palabras de agradecimiento de homenajeado, el papa emérito Benedicto XVI, que con una gran sencillez mostró la visión de su renuncia, y más a profundidad la dimensión trascendente del sacerdote en el mundo y de esa nueva forma monacal en la que ayuda a la Iglesia.

Y allí frente amigos, y quizás no tan amigos, en medio de algunos miembros de esa misma curia que Francisco se ha empeñado en guiar y conducir a una conversión eclesial profunda, con una sorprendente entereza, Ratzinger ofreció una cátedra teológica sobre el sacerdocio e inclusive sobre el cristiano frente al mal.

Si, el coperador de la verdad, el humilde trabajador de la viña del Señor, con sus 89 años habló de la “novedad de la vida” que vence al mal con el bien y el mal y la muerte con el amor, en unas hermosas palabras que son el mejor testamento espiritual y el mejor apéndice sobre su primera encíclica.

Publicamos a continuación las palabras pronunciadas por Benedicto XVI y reproducidas en el Boletín de Prensa de la Santa Sede del 28 de junio:

“Hace 65 años un hermano que se ordenaba conmigo decidió  escribir en el recordatorio de la primera misa, a excepción del nombre y la fecha, una palabra en griego: “Efharistomen” convencido de que esta palabra, en sus múltiples dimensiones, ya decía  todo lo que se puede decir en este momento. “Efharistomen”, dice un gracias humano, gracias a todos. Gracias especialmente a Usted, Santo Padre: su bondad, desde el primer momento de la elección, en cualquier momento de mi vida aquí, me conmueve, me lleva realmente, -más todavía que  los jardines del Vaticano- hacia   la belleza;  su bondad es el lugar donde vivo: me siento protegido. Gracias también por  sus palabras de agradecimiento, por todo. Y esperamos que pueda  seguir adelante con todos nosotros por esta vía de la Divina Misericordia, que muestra el camino de  Jesús, a Jesús, a Dios”.

“Efharistomen” no se refería solamente a la dimensión de la  gratitud humana, sino, naturalmente a  la palabra más profunda que se esconde, que aparece en la liturgia, en la Escritura, en las Palabras: “Gratias agens benedixit Fregit deditque”. “Efharistomen” nos lleva a la realidad de la acción de gracias, a la nueva dimensión que Cristo dio. Él transformó  en agradecimiento, en bendición, la cruz, el sufrimiento, todo el mal en el mundo. Y asi, fundamentalmente, transubstanció la vida y el mundo y nos dio y nos da cada día el pan de la vida verdadera, que supera el mundo a través del poder de su amor. Al final, queremos insertarnos en este “gracias” del Señor y  recibir la novedad de la vida y ayudar a la transubstanciación del mundo: que sea  un mundo, no de muerte sino de vida; un mundo en el que el amor ha vencido a la muerte”.

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