La Misa de Gallo en la liturgia papal

Rixio G Portillo – @Rixiogpr-/ El calendario litúrgico previo al Vaticano II establecía una serie de celebraciones presididas por el Papa en diferentes iglesias de Roma que eran denominadas “misas estacionales”, las cuales eran festividades propias de los tiempos fuertes en la liturgia como la Cuaresma, la Semana Santa y la Navidad.

El tiempo de Adviento precedía la Navidad con cuatro domingos y las temporas de miércoles a sábado que preparaban para la Misa de Vigilia de Navidad, con el solemne canto de la antifonal del Salmo 79: “Hoy sabréis que viene el Señor a salvarnos; y mañana veréis su gloria”. De allí que el tiempo de Navidad proponía tres celebraciones de formularios de Misa: la de media noche o Misa de Gallo, la Misa de la Aurora y la Misa del día, propio del 25 de diciembre. 

La historia de la Misa de Navidad

La reforma del calendario litúrgico incluyó esa misa de Vigilia al tiempo de la Navidad, por lo que hoy en día son cuatro los formularios que pueden hacerse cronológicamente en el día de la Natividad del Señor.

En el caso de la liturgia papal y las misas estacionales, la Misa de Vigilia era celebrada en la Basílica de Santa María la Mayor, por la cercanía del misterio de la maternidad virginal de María a la navidad y por encontrarse allí la reliquia del pesebre de Belén que data del año 432 en tiempos del Papa Sixto III, inclusive en ese lugar se conserva la representación más antigua del pesebre de mediados de 1288.

Posterior a la misa de Vigilia presidida por el Papa, continuaba la misa de media noche o Misa de Gallo, nombre que deviene de la frase latina “mox ut gallus cantaverit” (enseguida de cantar el gallo), ésta no era necesariamente celebrada por el pontífice, aunque si era una misa estacional propiamente en la capilla del Pesebre denominada “Statio ad Sancta Mariam Maiorem ad Praesepe”.

Reliquia de la cuna del nacimiento de Jesús en la Basílica Santa María la Mayor en Roma

Ya propiamente el 25 de diciembre el Papa celebraba la misa de la aurora en la Iglesia de Santa Anastasia, dónde la tradición recuerda la primera navidad del imperio Romano en tiempos de Constatino, luego éste volvía a Santa María la Mayor para presidir la misa del día.

Sin embargo, como puede verse, la Misa de Gallo aunque fuese estacional no era presidida por el Papa, fue sino Pablo VI quien comenzó la tradición, primeramente con el cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede en la Capilla Sixtina el mismo año de su elección 1963, hasta 1972.

Los papas celebran la Misa de Gallo

Papa Pablo VI en adoración al niño Jesús durante la Navidad.

Desde 1973 hasta 1977 Pablo VI introduce la Misa de Gallo en la Basílica de San Pedro abierta a los fieles, es importante destacar la navidad de 1974 con la apertura del Año Jubilar hasta 1975,  Montini definió la importancia del jubileo con las mismas palabras del Papa Francisco en el 2015, “es la puerta de la misericordia y del perdón,  quiere significar el cambio interior, el paso animoso de la verdad moral, el paso evangélico del hijo prodigo, que regresa a la casa paterna, el paso en el que el Padre espera con gozo, éste es el paso de la conversión del corazón: Me levantaré e iré”.

Juan Pablo II quiso continuar con la tradición, y a solo meses de su elección en el otoño del 78 comienza a preparar la homilía de su primera navidad como sucesor de Pedro en la Misa de Gallo, sin embargo resulta curioso como esas primeras palabras del Papa polaco hizo referencia a Jerusalén.

Ya en el Ángelus del 10 de diciembre de 1978 el Papa había manifestado su deseo de peregrinar hasta Tierra Santa, como lo había hecho Pablo VI en 1965, sin embargo tuvo que esperar más de veinte años, hasta el jubileo del año 2000 para poder cumplir el anhelo manifestado en el inicio de su pontificado.

“No hace muchos días manifesté mi gran deseo de hallarme en la gruta de la Navidad, para celebrar precisamente allí el comienzo de mi pontificado. Dado que las circunstancias no me lo consienten, y encontrándome aquí con todos vosotros, trato de estar más allí espiritualmente con vosotros todos, para colmar esta liturgia con la profundidad, el ardor, la autenticidad de un intenso sentimiento interior. La liturgia de la noche de Navidad es rica en un realismo particular: realismo de aquel momento que nosotros renovamos y también realismo de los corazones que reviven aquel momento. Todos, en efecto, nos sentimos profundamente emocionados y conmovidos, por más que lo que celebramos haya ocurrido hace casi dos mil años” dijo Wojtyła en su primera navidad en San Pedro.

Pero la historia introduciría un momento más trascendente para la Iglesia en la Misa de Gallo durante el pontificado de Juan Pabllo, pues esa homilía del 78 fue un preludio a la celebración jubilar por el bimilinario del nacimiento del Hijo de Dios.

Juan Pablo II en el inicio del Jubileo del año 2000

En su homilía del año 2000 Juan Pablo II manifestó su recuerdo por tierra Santa: “Conmovido interiormente, pienso en los días de mi peregrinación jubilar a Tierra Santa. Vuelvo con la mente a aquella gruta en la que se me concedió la gracia de estar en oración. Beso espiritualmente aquella tierra bendita, en la cual ha brotado para el mundo el gozo imperecedero”. 

En 2009 ocurrió un incidente con el Papa Benedicto XVI en la procesión de ingreso, en la que una mujer saltara y se abalanzara sobre el pontífice y lo tumbara, sin embargo el anciano Ratzinger continuó la celebración como si nada hubiese ocurrido.

Benedicto XVI en la celebración de la Navidad

Quizás la mejor lección del papa alemán fueron sus palabras durante la homilía de esa navidad: “Cuánto desearíamos, nosotros los hombres, un signo diferente, imponente, irrefutable del poder de Dios y su grandeza. Pero su señal nos invita a la fe y al amor, y por eso nos da esperanza: Dios es así. Él tiene el poder y es la Bondad. Nos invita a ser semejantes a Él. Sí, nos hacemos semejantes a Dios si nos dejamos marcar con esta señal; si aprendemos nosotros mismos la humildad y, de este modo, la verdadera grandeza; si renunciamos a la violencia y usamos sólo las armas de la verdad y del amor”. 

El Papa Francisco través del maestro de celebraciones litúrgicas introdujo la imagen réplica del niño Jesús de la Basílica de Belén a la liturgia papal, la cual es venerada durante la celebración con el evangeliario abierto en un atril utilizado durante las sesiones del Vaticano II, con arreglos florales traídas por niños de los países que visita el Papa durante el año civil que concluye.

Papas Francisco porta la imagen del niño de Belén hacia el pesebre en San Pedro

El pontífice también ahora porta consigo la imagen del niño de Belén y la deposita en el pesebre preparado al inicio de la Basílica de San Pedro, en la capilla San Sebastián dónde reposan los restos de Juan Pablo II, en su primera homilía de Navidad destacó la importancia del nacimiento del hijo de Dios con las líneas de su pontificado:

“Acerquémonos a Dios que se hace cercano, detengámonos a mirar el belén, imaginemos el nacimiento de Jesús: la luz y la paz, la pobreza absoluta y el rechazo. Entremos en la verdadera Navidad con los pastores, llevemos a Jesús lo que somos, nuestras marginaciones, nuestras heridas no curadas, nuestros pecados. Así, en Jesús, saborearemos el verdadero espíritu de Navidad: la belleza de ser amados por Dios”. 

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