La santidad, la deuda del Vaticano II

Lienzo de beatificación de Pablo Vi – Fuente: La Reppublica.It

Rixio G Portillo – @Rixiogpr./ Para aquellos que piensan que es necesario un nuevo concilio, hipótesis desarrollada y negada por muchos, el mejor elemento para disentir de dicha propuesta es que aún falta en la Iglesia vivir a plenitud el Concilio Vaticano II (1962 – 1965) y entrar en la dinámica de la renovación propuesta por los padres conciliares. 

Muestra de ello es el reciente documento que publicará la Santa Sede del Papa Francisco sobre un tema ampliamente hablado y reflexionado pero que en el plano magisterial totalmente inédito como síntesis teológica, bíblica y pastoral, como lo es la Santidad. 

En la Lumen Gentium el capítulo V describe la vocación universal de todos los miembros de la Iglesia, indistintamente de su estado de vida, de acuerdo al principio evangélico: 

“Los seguidores de Cristo, llamados por Dios no en razón de sus obras, sino en virtud del designio y gracia divinos y justificados en el Señor Jesús, han sido hechos por el bautismo, sacramento de la fe, verdaderos hijos de Dios y partícipes de la divina naturaleza, y, por lo mismo, realmente santos. En consecuencia, es necesario que con la ayuda de Dios conserven y perfeccionen en su vida la santificación que recibieron (…) Es, pues, completamente claro que todos los fieles, de cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad y esta santidad suscita un nivel de vida más humano incluso en la sociedad terrena”. 

El Papa Pío XII al establecer los Institutos Seculares en 1947 desarrolló un breve comentario sobre la santidad en la iglesia con la Carta Apostólica “Provida Mater Ecclesia” (El cuidado maternal de la Iglesia. 

“La Iglesia de Cristo, fiel a Cristo su esposo y siempre consecuente consigo misma, se guió desenvolviendo, bajo la guía del Espíritu Santo, con pasos continuos y seguros, la disciplina relativa al estado de perfección” (PME 3).

Pablo Vi en su encíclica programática Ecclesiam Suam menciona la pedagogía del bautizado comentando como la vida del cristiano debe estarencaminada precisamente hacia la santidad que Cristo nos enseñó y que con su ejemplo, con su palabra, con su gracia, con su escuela, sostenida por la tradición eclesiástica, fortificada con su acción comunitaria, ilustrada por las singulares figuras de los Santos, nos hace posible conocerla, desearla y aun conseguirla” (1964).

Juan Pablo II por su parte en su extenso magisterio desarrolló documentos para cada uno de los estados de vida, y en cada uno de ellos remarcó el hilo conductor de toda vocación cristiana como la santidad. 

La Exhortación Apostólica Redemptionis Donum, sobre el testimonio de la vida consagrada (1984), la Exhortación Apostólica Christi Fideles Laici sobre la vocación y misión de los laicos en la Iglesia y con motivo del vigésimo aniversario del Vaticano II, en la que definió “El santo es el testimonio más espléndido de la dignidad conferida al discípulo de Cristo”. 

Pastores Davos Vobis sobre la formación de los sacerdotes de 1992, la cual define como una vocación específica a la santidad (PDV 19), la Pastores Gregis sobre los obispos como servidores del evangelio de Jesús y esperanza para el mundo de 2003 en la que relaciona diferencia el carácter objetivo de la llamada del Señor: “La santificación objetiva, que por medio de Cristo se recibe en el Sacramento con la efusión del Espíritu, se ha de corresponder con la santidad subjetiva”. 

La santidad también ha sido centro de carismas dentro de la Iglesia, la prelatura personal del Opus Dei fundada por el español José María Escribá de Balaguer tiene como objetivo la santificación del trabajo a través de la vida ordinaria. 

Más reciente y novedosa es la propuesta de Chiara Lubich, fundadora del movimiento de los Focolares que expresaba que la vocación a la santidad no como un hecho individual sino comunitario, es decir, como  comunidad e Iglesia, con una obra llamada “Santificarse juntos”. Lubich definía a la santidad como “el momento de nuestra “nada”, el “nada” nuestro porque triunfa Dios en nosotros” (1991). 

Con este texto sobre la santidad se suman cuatro los documentos magisteriales de mayor importancia del pontificado del Papa Francisco, la Evangelii Gaudium (2013) y la Amoris Laetitia como resultado del sínodo sobre la familia y el matrimonio (2016), unido a la encíclica Laudato Si (2015).


PD: TEXTO DE LA EXHORTACIÓN APOSTÓLICA GAUDETE ET EXSULTATE 

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