La guerra de los papas

Rixio G Portillo / @Rixiogpr.- No es el título de una película, ni de una serie de televisión, es la historia irreal desbordada en los últimos días en los que los comentarios en redes sociales que han enfrentado al Papa Benedicto XVI, en su condición de emérito desde el 28 de febrero de 2013, versus el Papa Francisco, reinante y vigente en legítima autoridad desde el cónclave del mes de marzo, en un duelo sin argumentos.

Escena de la película Los dos Papas de Netflix


La polémica fue producto del anuncio de la publicación de un libro sobre el celibato sacerdotal, escrito por el cardenal nigeriano, Robert Sarah, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, desde el año 2014. El camino curial de Sarah comenzó en 2001 cuando fue designado en tiempos de Juan Pablo II como secretario de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos. Luego en 2010, el Papa Ratzinger lo designa como presidente del Pontificio Consejo Cor Unum, el cual fue unificado en época del Papa Francisco en el Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral.

Al instante del anuncio de la publicación, que verá luz el 15 de enero, comenzaron una serie de comentarios contra Benedicto XVI, indicando que estaba torpedeando los cambios de Francisco, ante la espera del documento sobre el Sínodo Amazónico, en el que se propuso la ordenación presbiteral de diáconos permanentes casados.

La desproporción de la respuestas en defensa al Papa Francisco han llegado al límite de atacar al anciano emérito acusándolo de desafiar la autoridad de Bergoglio y en irrespetar la voluntad de los padres sinodales, que aprobaron mayoritariamente el acceso al presbiterado de sacerdotes casados. 

El Vaticano, por su parte, respondió con un editorial firmado por el periodista, Andrea Tornielli, en la que recuerda la posición del Papa Francisco sobre el tema:

“El pasado mes de enero, en diálogo con los periodistas en el vuelo de regreso de Panamá, el Papa había recordado que en la Iglesia católica oriental era posible la opción del celibato o del matrimonio antes del diaconado, pero había añadido, a propósito de la Iglesia latina: “Me viene a la mente esa frase de San Pablo VI: ‘Prefiero dar mi vida antes que cambiar la ley del celibato’. Me ha venido a la mente y quiero decirla, porque es una frase valiente, en un momento más difícil que éste, 1968/1970… Personalmente, pienso que el celibato es un don para la Iglesia… Yo no estoy de acuerdo en permitir el celibato opcional, no”. En su respuesta, también había hablado de la discusión entre los teólogos acerca de la posibilidad de conceder dispensas para algunas regiones alejadas, como las islas del Pacífico, pero precisando: “No hay ninguna decisión por mi parte. Mi decisión es: celibato opcional antes del diaconado, no. Es una cosa mía, personal, yo no lo haré, esto queda claro. ¿Soy “cerrado”? Tal vez. Pero no tengo la voluntad de ponerme ante Dios con esta decisión”.

La diatriba siguió encendida cuando desde el diario ABC de Madrid el periodista, experto en temas vaticanos, Juan Boo, informó que una fuente cercana había asegurado que Benedicto XVI desconocía la publicación de un libro sobre el celibato, lo que sirvió para que el cardenal Sarah publicara en su cuenta Twitter las cartas con las que Benedicto XVI entregara las 7 páginas escritas para su publicación, según considerara conveniente el purpurado. 

Por su parte, el enlace entre los dos papas, el arzobispo alemán Georg Gänswein, secretario personal del Papa emérito, Benedicto XVI, y prefecto de la Casa Pontificia del Papa Francisco, declaró a la prensa que Ratzinger  “no había aprobado ningún proyecto para un libro de doble firma, ni había visto y autorizado la portada (…) Sin cuestionar la buena fe del cardenal Sarah”. 

De allí que el episodio solo revela que las diferencias entre los papas solo es parte del imaginario de muchos que dicen defender a Francisco, atacando a Ratzinger, olvidando que primeramente el resultado del Sínodo es de carácter consultivo, no deliberativo, y es el Papa Francisco, en plena vigencia de su autoridad, quien decidirá si aprobar o no la propuesta. 

Cual sea la decisión de Bergoglio, esta será tomada en total autonomía de sus funciones y competencias pontificias, las cuales no pueden, ni se han visto amenazadas por los comentarios de su antecesor. 

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